Una joya literaria”

Doña Letizia obsequia al Príncipe con una edición de 1850 de “El doncel de don Enrique el doliente” , de Mariano José de Larra
Mis arreos son las armas,/ mi descanso es pelear,/ mi cama las duras peñas,/ mi dormir siempre el velar.” Así inicia Mariano José de Larra, con una cita del Cancionero General, “El doncel de don Enrique el Doliente”, la única novela que el periodista escribió y que doña Letizia Ortiz regaló ayer a su prometido, don Felipe de Borbón.
Los 40 capítulos de “El doncel de don Enrique el Doliente” vieron por primera vez la luz en enero de 1834. Se trata de una narración histórica en la que el autor cuenta cómo Macías, enamorado de la casada Elvira, pretende recuperarla e impedir que Enrique de Villena la sacrifique para ser maestre de Santiago. Tras un laberinto de lances, disfraces, duelos y peripecias, muere Macías, enloquece Elvira y fracasa Enrique de Villena.
El ejemplar que doña Letizia regaló a su prometido, el Príncipe de Asturias, es una tercera edición que data de 1850. Se trata, según varios expertos bibliógrafos –Elena Gallego, de la casa Duran de subastas, y Luis Bardón Mesa, de la librería también de Madrid especializada en libros antiguos para bibliofilos– de un ejemplar “raro, buscado y valioso”, que demuestra que la novia de don Felipe es una gran conocedora de este mundo y que, además, “es difícil de encontrar”. Bardón comentó que Larra “es un autor muy buscado.
La novela está basada en la figura del doncel de Sigüenza, un joven guerrero que murió peleando en la Vega de Granada frente a los moros y que se convirtió en símbolo de la guerra medieval y del humanismo renacentista.
El doncel se llamó en realidad don Martín Vázquez de Arce, nació en Castilla y se mantuvo durante toda su vida al servicio de la poderosa familia de los Mendoza, tratándose de una persona versada en letras y artes y diestro en el manejo de las armas. Está enterrado en la catedral de Sigüenza, en un sepulcro ubicado en la capilla de San Juan y Santa Catalina, pero que se conoce popularmente como “la del doncel”.
Adorna su tumba una hermosa escultura en la que el personaje está tumbado, siendo visible las dos condiciones que convergieron en él: está leyendo un libro y lleva en su pecho la cruz de Santiago, a cuya orden perteneció. Y esto es así porque el doncel se transformó en una representación máxima de la cultura medieval, pues muestra su afición a la lectura como fórmula de alcanzar la sabiduría, al mismo tiempo que porta las armas que caracterizaron su tiempo como época de reconquista. (En la foto superior).
Sin duda, fue un personaje singular, hasta el punto que a Sigüenza se la conoce como “la ciudad del doncel”; su estatua es uno de los emblemas del arte renacentista y ahora su vida en novela es un regio regalo de pedida.